martes, 3 de noviembre de 2009

Neoconservadores aprovechan la nueva biografía de García Márquez para arremeter contra el castrismo

Los aplausos a la biografía Gabriel García Márquez: Una vida, escrita por el británico Gerald Martin, se escuchaban a diestra y siniestra cuando repentinamente un historiador mexicano obligó a un silencio. A comienzos de este mes, Enrique Krauze -el mismo autor de la biografía sobre Hugo Chávez El poder y el delirio- arremetió con un ensayo titulado A la sombra del patriarca, publicado en las revistas Letras Libres, de México, y The New Republic, de Estados Unidos. Y fue Troya.

A partir de la biografía escrita por el británico -cuya presentación oficial se realiza esta semana en Colombia-, Krauze infiere que 'Gabo' ha sido cómplice del régimen totalitario de Fidel Castro. Para probarlo dice que creó una plataforma que buscaba darle voz al "déspota hábil, al patriarca 'bueno' ", y que su instrumento fue la palabra. En este sentido, asegura que el estilo del Nobel no es de realismo mágico sino de realismo socialista.


El historiador mexicano es feroz en su reseña del libro. Aprovecha cada frase de la obra para calificar a Martin de blando, falto de crítica y sesgado, no sin concederle uno que otro crédito sobre todo de la primera parte del libro. Pareciera que el único fin de Krauze en este ensayo es desplegar una batalla contra García Márquez y el régimen de Fidel Castro pero por medio del biógrafo, a quien califica de "secretario de actas del Juicio Final".

Lo hace con argumentos propios y ajenos que se dedican a señalar de qué manera García Márquez, desde la concepción misma de El otoño del patriarca (1975), legitima la figura del dictador. "Más allá del lenguaje, la trama no deja de registrar la subjetividad del tirano: sus nostalgias, sus miedos, sus sentimientos -escribe Krauze-. Pero la simplicidad de su mundo interior resulta moralmente ofensiva: rara vez se escuchan reflexiones sobre las responsabilidades y dilemas del poder, cavilaciones sobre el mal, la abyección o el cinismo, mucho menos el atisbo de un drama de conciencia (...). La nostalgia les asegura la impunidad".


También descalifica al Nobel colombiano desde las frases pronunciadas por escritores como Jorge Luis Borges u Octavio Paz. "Cien años de soledad está bien, pero le sobran veinte o treinta", dijo el primero. Y el segundo: "La prosa de García Márquez es esencialmente académica, es un compromiso entre el periodismo y la fantasía. Poesía aguada".

E incluso involucra las propias contradicciones del Nobel en relación con la privación de derechos en Cuba: cita sus declaraciones contundentes en contra de la pena de muerte y su advertencia posterior de que algunos medios de comunicación -entre ellos CNN- estaban tergiversando sus palabras para que parecieran contrarias a la Revolución cubana.

Con beneficio de inventario
¿Cómo entender esa andanada contra el escritor y su biógrafo? Para empezar, resulta diciente la manera como la biografía de 'Gabo' -originalmente escrita en inglés- fue registrada en dos influyentes medios estadounidenses. En The New Republic -de corte claramente conservador-, la crítica quedó en manos de Krauze, y en The New York Times, en manos del escritor y periodista Paul Berman, cuyo discurso se ha caracterizado por un paulatino viraje hacia la derecha.

En ambos casos, los autores señalan la relación entre García Márquez y Fidel Castro como algo comprometedor, y allí centran sus principales críticas a la biografía de Martin. Imposible no ver detrás de ello un discurso soterrado de corte neocon, corriente antiizquierdista de nuevos conservadores de Estados Unidos que, en especial después del 11-S, buscan imponer el modelo de democracia norteamericano a como dé lugar en cualquier lugar del mundo. De allí que Cuba y todo lo que la rodea se les haya convertido en un blanco perfecto para sus ataques.


Por ejemplo, al reflexionar sobre la ambigüedad que tiene la figura del dictador en la obra de García Márquez, Paul Berman concluye: "Después de leer la biografía de Martin, ahora ya lo sé (...). Aquí hay un tirano de carne y hueso. García Márquez le hace pensar a uno en Castro en algunas frases espectaculares de El otoño del patriarca. Y el novelista ama plenamente a su dictador".

Más allá de la política
Ante el sartal de críticas, Gerald Martin no ha guardado silencio. Tras el ataque de Krauze, el biógrafo publicó una defensa en el El Universal de México: "¿Que el libro es demasiado admirativo? Sí, admiro a Gabo, no puedo decir que no. Si otros no lo admiran que escriban la biografía demoledora (...). Y sobre la otra cuestión: si la gente está en contra de Castro no hay nada que yo pueda hacer. No es que no comparta críticas a Fidel Castro, pero la verdad es que en el libro hay muchos otros temas relacionados con García Márquez que también son interesantes".

Punto de vista que con mayor distancia y menos intereses comparte el periodista puertorriqueño Héctor Feliciano, otro estudioso de la obra del Nobel colombiano.

Para él, si bien el capítulo político será siempre un tema delicado, algo que debe destacarse de Una vida son las pistas que da el biógrafo para entender cómo el joven García Márquez comenzó a construir su obra, sus influencias, los intelectuales que lo rodeaban, sus relaciones familiares. Da cuenta de cómo mientras en Barranquilla estaban más cerca de James Joyce, William Faulkner o Virginia Woolf, en Bogotá se seguía hablando de Caro y Cuervo.

"Es importante conocer la relación que tuvo con sus muchos hermanos y sus medio hermanos, cómo prácticamente conoció a su madre a los siete años mientras sus abuelos lo criaban, el odio que le tuvo a su padre, que no resultó ser un telegrafista sino un curandero que echaban de pueblo en pueblo por embustero -puntualiza Feliciano-. Eso me lo dio el libro de Martin, y solo por eso ya es genial".


Cambio (Cambio.com.co, 3.Nov.09)


Krauze, crítico del biógrafo de García Márquez

Entrevista de la radio colombiana a Enrique Krauze a propósito de la publicación de la biografía "tolerada" que escribió Gerald Martin sobre Gabriel García Márquez.

http://co.wradiofm.com/oir.aspx?id=900866

Las críticas no harán que Martin deje de admirar a García Márquez

El “tío Yéral” está en México con su nuevo libro bajo el brazo. Tras una faena que parecía inagotable pero que concluyó después de 17 años, Gerald Martin está listo para presentar Gabriel García Márquez: una vida (Debate), la traducción al español de la biografía monumental que preparó sobre “el escritor más célebre que ha dado ‘el tercer mundo’”, según su propias palabras.
Martin, un hispanista nacido en Londres en 1944, fue “tolerado” por el Premio Nobel de Literatura para meter las narices en su vida, sin embargo la proeza será irrepetible, pues algunos, de los más de 300 entrevistados por el biógrafo, han dejado de existir; entre ellos doña Luisa Santiaga Márquez Iguarán de García, madre del escritor.
Probablemente Gabo a sus 82 años, ya no aceptaría colaborar con un segundo biógrafo, tendría que invertir mucho tiempo para ganarse su confianza, la de sus parientes y amigos. Martin hizo todo eso y más. En la familia de Gabo ya lo conocen como el “tío Yéral”.
Gabriel García Márquez: una vida se edita en español acompañado de una estela de críticas, en su mayoría favorables. Martin considera una “bienvenida a México” la severa crítica sobre la biografía que publicó Enrique Krauze en el reciente número de la revista Letras Libres. “En América Latina comienzan apenas las críticas”, aseguró Gerald.
—Una de las críticas fuertes de Enrique Krauze es que basa la biografía en testimonios más que en documentos.
—No tuve acceso a todas las cartas ni a las agendas pero sí consulté las cartas más importantes en la vida de García Márquez, es decir, las cartas a su gran amigo Plinio Apuleyo Mendoza, que son fundamentales para reconstruir su vida. Además, aunque Enrique Krauze dice que no, la verdad es que también tuve acceso a la correspondencia que está en Princeton y en otras bibliotecas dirigida a Fuentes, a Vargas Llosa, etcétera.
Cuando García Márquez se dio cuenta de que la gente estaba empezando a vender su correspondencia, dejó de enviar cartas. Tampoco tuve las cartas de amor de García Márquez a Mercedes porque, según ellos, las quemaron. Naturalmente a la gente le encanta decir que no he tenido acceso a ciertas cosas.
—A partir de las críticas ¿qué cambiaría del libro?
—Hasta ahora, nada. He hecho algunos cambios en la primera edición por dos o tres errores, uno significativo que era la fecha del viaje de García Márquez a Buenos Aires. En un libro con tantos datos uno va a equivocarse, nadie es perfecto, sigo trabajando sobre todo eso para mi versión larga. Supongo que entonces estamos hablando de la orientación del libro, de su concepción, pero hasta ahora nada tampoco. Nadie me ha convencido, estoy contento con mi libro.
Las críticas en general son textos en los que el reseñista está diciendo “yo lo habría hecho de otra manera”. Si, por ejemplo, ahora los mexicanos dicen que el libro está muy mal están en su derecho, a la mejor tendrán razón, no digo que no, pero la mitad de las reseñas que se han escrito en Estados Unidos y Gran Bretaña son muy positivas.
—Las he leído y algunas comentan que usted ha sido muy complaciente, especialmente con la manera en que analiza la relación de Gabo con el poder y en particular con Fidel Castro.
—Hay dos críticas principales: la primera, que el libro es demasiado deferente, y tienen derecho a decirlo, pero puede ser que, si ellos lo escribieran, también tendrían la misma perspectiva más o menos admirativa. Creo que hay críticas a García Márquez en todas las páginas del libro. Muchos críticos han dicho que, siendo una biografía semioficial, es muy sorprendente la cantidad de cosas que se dicen que a la mejor no le van a gustar a García Márquez.
¿Qué el libro es demasiado admirativo? Sí, admiro a Gabo, no puedo decir que no. Si otros no lo admiran que escriban la biografía demoledora. Las habrá, sin duda, pero la mía es admirativa lo cual no quiere decir que no sea crítica, puede serlo también.
Sobre la otra cuestión: si la gente está en contra de Castro no hay nada que yo pueda hacer. No es que no comparta críticas a Fidel Castro, pero la verdad es que en el libro hay muchos otros temas relacionados con Márquez que también son interesantes y ellos sólo quieren discutir ese aspecto.
—¿Todos los errores que le han señalado quienes leyeron el libro en inglés los corrigió en la edición en español?
—Sí, casi todos. En la edición en inglés creo que tengo como cinco errores de fechas o de nombres, pero la edición en español es casi perfecta.
—Hace un año Gabo no había leído su obra, ¿ya conoce su opinión?
—Cuando vi a Gabo en Guadalajara por primera vez después de publicado el libro, me dijo que había ciertos errores. Pero siendo el hombre caritativo que es, me dijo que me habían informado mal, que había ciertas interpretaciones que no le gustaban y que muy pronto habría que sentarnos a discutir esas cuestiones, pero no llegamos a tener esa conversación. Pero sí, hay cosas que él piensa que no están muy bien, me imagino que son políticas o probablemente cosas que tienen que ver con su personalidad.
—Hace un año usted pensaba escribir un libro sobre cómo escribió la biografía, ¿el proyecto sigue en pie?
—Eso está en pie pero recién he empezado. Me va a divertir increíblemente. Gabo alguna vez me dijo “no quiero leer la biografía pero me encantaría leer ese otro libro”.
—¿El éxito de la biografía le ayudará a que alguna editorial apueste por la versión larga de 2 mil 500 páginas?
—Creo que esa otra versión nunca va a tener un gran futuro comercial. Ya me han hablado dos o tres personas para publicarlo y algunos me lo han prometido. Tengo unos papeles que nadie tiene ni tendrá jamás sobre Gabriel García Márquez, ediciones muertas, tuve acceso a bibliotecas y a conversaciones con Gabo, entonces creo que se lo debo en gran medida a las personas que me ayudaron, a los entusiastas de Gabo, a los estudiantes del futuro.
—Usted ya hizo un trabajo importante sobre la obra de Miguel Ángel Asturias y ahora sobre García Máquez, ¿qué otro escritor tiene en mente?
—No, no, no tengo ninguno. Me encantaría tener 40 o 50 años para poder trabajar sobre Roberto Bolaño porque, para mí, él es el escritor más importante de los últimos 40 años, después de García Márquez. Si yo trabajo sobre alguien que no sea Asturias o García Márquez ese hombre será Gerald Martin. Ya me toca a mí.
Julio Aguilar
El Universal (27.Oct.09)

Presenta Gerald Martin biografía "tolerada" de García Márquez

El inglés Gerald Martin, biógrafo "oficial" del escritor Gabriel García Márquez (así lo ha llamado el autor de Cien años de soledad), afirma que no hubo un "debate abierto" en torno a llevar la novela Memoria de mis putas tristes que Gabo públicó en 2004.Horas antes de presentar esta noche su libro Gabriel García Márquez: Una vida en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Martin afirmó, en entrevista con Apro, que el tema de la pederastia "es muy complejo y que, en lugar de abrirse a un debate, lo que hicieron fue cerrarse".
La periodista Lydia Cacho y Teresa Ulloa, directora de la Coalición Regional Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, pararon el proyecto de llevar al cine Memoria de mis putas tristes, que dirigirían el danés Henning Carlsen y el mexicano Ricardo del Río, con financiamiento de FEMSA, Televisa y el gobierno de Puebla. La primera, en su columna de El Universal, cuestionó a García Márquez por no expresarse respecto de la intención del gobierno de Puebla de invertir en ese filme, porque sería "una apología fílmica de la trata de menores".En diciembre de 2005, Cacho, autora del libro Los demonios del Edén (donde señala al empresario Kamel Nacif como parte de una red de pederastia), fue encarcelada por policías judiciales en Puebla, debido a una demanda por difamación interpuesta por Nacif.
Después se difundieron una serie de grabaciones telefónicas en las que el gobernador de Puebla, Mario Marín, y el empresario, reían y celebraban su detención.La segunda, Ulloa, anunció que denunciaría penalmente al Nobel de Literatura colombiano, a los productores del largometraje, al gobierno de Puebla, a FEMSA y Televisa por lo delitos de "apología de la prostitución infantil y corrupción de menores de edad".En tanto, la reconocida productora y guionista, Beatriz Novaro, le envió al realizador Del Río un correo, donde le señaló que si acepta el dinero del gobierno de Puebla "estaría siendo financiado por la mafia más indignante que oculta la red de pedofilia de tráfico de niños".
Martin dijo que expresar que el filme sería una apología de la trata de menores "es un tema muy complicado":"Si la película no hubiera estado financiada por Puebla, probablemente no hubiera pasado nada. Me sorprende mucho que no hubiera habido problemas cuando el libro salió a la venta. La pederastia es una cosa muy complicada que no se puede simplificar, pero el tema del libro es polémico, incluso escabroso. Estoy de acuerdo que las películas no son tan complejas como la literatura, pero los que iban a filmar la película era gente muy seria, no son sensacionalistas, ni personas de cine de explotación", dijo."Hubiera sido interesante saber qué querían hacer los cineastas y cómo sería el guión, pero al mismo tiempo comprendo lo que ha dicho la gente. Es una época en la que la pedofilia tiene una especie de auge porque en internet sabemos que circulan cada vez más. Quizá en dos horas de charla podría profundizar sobre este asunto, pero no en cinco minutos, no se puede.
"Después dijo que ese caso le ayudó a promocionar su libro Gabriel García Márquez: Una vida, porque le dedica cinco páginas a Memoria de mis putas tristes:"Hablo de ese tema, la pederastia, no es algo que eludí, al contrario", señalaSobre el artículo Gabriel García Márquez: A la sombra del patriarca que escribió Enrique Krauze en la revista Letras Libres, bromeó:"La gente no sabe que Enrique Krauze es mi mejor amigo. Entonces, lo hizo para promocionar mi libro; realmente no está en desacuerdo."Enseguida, manifestó sonriendo:"No, no… ignora lo que acabo de decir…".Ya serio, explicó que Krauze leyó su libro para ver si estaba en contra de Fidel Castro.
"Eso ha pasado también con los exiliados cubanos, y están en su derecho."Añadió:"Me tendió una especie de emboscada porque quiso que saliera su artículo al mismo tiempo que lanzo mi libro, y también tuvo la generosidad de enviar su artículo a Bogotá, para que me esperara la polémica allá. La biografía la presentaré en Bogotá creo que este 30 de octubre."--¿Pero está de acuerdo con lo que escribe Krauze?--No estoy de acuerdo con Krauze y tampoco me sorprende que no esté de acuerdo conmigo, pero el debate es el debate. Tengo 180 reseñas en las que no están de acuerdo con Krauze y como tres o cuatro en las que sí están de acuerdo. Eso de alguna manera sitúa, ¿no?El inglés Martin, quien conversó cerca de 40 veces con el también autor de El coronel no tiene quien le escriba, Crónica de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera, trató de ser objetivo al escribir el volumen, según él."Aunque en realidad nunca hubo una entrevista formal, pero lo conocí muy bien, y me fue difícil guardar distancia y, al mismo tiempo, no caer en la exagerada crítica", añadió.El resultado fue una biografía "tolerada" que ya presentó en España.
-¿Por qué una biografía "tolerada"?--Es un juego en cierto sentido porque hay muchos tipos de autorización. Cuando yo le pronuncié a Gabo, hace casi 20 años, que quería realizar su biografía, al momento no me dijo nada. Sólo al final me dijo que estaba bien, 'pero no me hagas trabajar', no hubo un contrato firmado con derecho a tener acceso a todo, cartas, agendas, en fin… Cuando finalmente dijo que yo era su biógrafo oficial, fue una sorpresa. Creo que quiso decir que soy el único que se ha ocupado de hacer su biografía.
En la Sala Manuel M. Ponce, Martin estuvo acompañado por Héctor Aguilar Camín, José Agustín y Claudio López de la Madrid. El moderador fue el comentarista de TV Azteca Sergio Sarmiento.
La cita fue a las 19 horas y a esa hora el espacio ya no bastaba para los asistentes, por lo que se puso una pantalla en la sala de exposiciones del Palacio de Bellas Artes.
Al acto no asistió García Márquez, como era previsible, aunque la editorial lo boletinó así.
Columba Vertiz de la Fuente
Proceso.com.mx (26.Oct.09)
http://www.proceso.com.mx/noticias_articulo.php?articulo=73445

La moral en tipos con cólera



Cuando los problemas de la vida real dejen de ser estimulantes, recurra a remediar los de la ficción, y a ésta júzguela como si en ello le fuera la vida. Treinta y cuatro años después de la primera edición de El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, Enrique Krauze (Letras Libres, octubre de 2009), encontró algunas fallas éticas en el texto: “Más allá del lenguaje, la trama no deja de registrar la subjetividad del tirano: sus nostalgias, sus miedos, sus sentimientos. Pero la simplicidad de su mundo interior resulta moralmente ofensiva: rara vez se escuchan reflexiones sobre las responsabilidades y dilemas del poder, cavilaciones sobre el mal, la abyección o el cinismo, mucho menos el atisbo de un drama de conciencia”. “En el texto sólo hay espacio para la conciencia del dictador. Todo sucede en, para, desde la perspectiva del patriarca”. “[…] una novela en la que la palabra ‘tirano’ se suaviza dulcemente en ‘patriarca’ […]”. ¡Ah qué García Márquez y sus novelitas que resultan ofensivas a la moral de Krauze! ¿Cómo no se le ocurrió al colombiano inventar un tirano demócrata o un lenguaje que fuera capaz de evidenciar una dictadura reflexiva y culposa, ajena al plan de su libro? ¿Por qué no pudo darle voz a los sometidos para que las buenas conciencias no tengan conflictos espirituales? No le hace que fuera nomás voz literaria, el caso es que el déspota de su novela no anduviera, décadas después, arrastrando en el lodo lo políticamente correcto.

Si la justicia no es justa y las explicaciones lógicas para tratar de entender semejante pleonasmo ya se le agotaron, busque la raíz del problema en el manual perfecto para cometer crímenes que es la literatura. Rogelio Villarreal (Milenio Semanal, número 609), nos contó el domingo anterior: “En el breve y penoso capítulo ‘Succar leyó Lolita’ Lydia Cacho cita a la periodista colombiana Sonia Gómez, quien reprocha a su célebre paisano [García Márquez] ‘no haberse ocupado, a estas alturas de la vida, por contarnos historias que nos den luces para salir de esta noche negra de Colombia, donde los niños y especialmente las niñas, se han convertido en carne tierna para roedores humanos’”.


No tiene remedio, Gabriel García Márquez empedró el camino hacia el premio Nobel con las peores taras latinoamericanas y lavó los trapos sucios fuera de casa. Anatema. Es un alivio que Cacho y Krauze, tarde pero con enjundia, se hayan decidido a rescatar el arte de la moral única, al estilo de José Stalin, con el equivalente ético de aplicar un IVA de 2 por ciento para salvarnos de la miseria cívica que padecemos, ambos proponen desterrar a Gabo el impío a un gulag de mentiritas, donde se le negará el apoyo de la opinión pública que busca la trascendencia ontológica con airadas protestas contra la libertad de los escritores o contra cualquier cosa que le señalen las esforzadas y esforzados (como Krauze y Cacho) que velan por los más altos valores, aunque sea en la ficción.


Los insidiosos que nunca faltan ya buscan mensajes cifrados detrás de esta coincidencia temporal y argumental de Lydia Cacho y Enrique Krauze. La primera exige que el papá de Cien años de soledad reconozca que tiene responsabilidad moral con el destino de su obra, particularmente con la novela Memoria de mis putas tristes. El segundo, harto de jugar a la Ouija en busca de la guía perdida de Octavio Paz, sugiere que García Márquez expíe sus culpas morales mediante un “acto de justicia poética” (luego de leer tal frase, no queda más que tragar saliva y que la garganta suene con un rotundo gulp): que se deslinde de Fidel Castro.


Mientras García Márquez acata las propuestas de tan preclaras mentes (en este mismo instante debe estar transido, a punto de la fiebre), a los que no accedemos a la justicia, a secas, a quienes nadie nos hace caso cuando exigimos a los gobernantes responsabilidad, legal al menos, la oportunidad se nos presenta reluciente: Krauze encontró, otra vez, la alfombra mágica que va de la ficción a la realidad, que le demande a Paco Ignacio Taibo II que su novela Héroes convocados se vuelva la más estricta justicia poética en el mundo objetivo, donde la crisis, la guerra contra el narco, la pobreza de millones -y la de ciertos intelectuales- campean. Revisionismo político y moral en la literatura, por eso sindicatos como el de los electricistas pueden hacer del surrealismo arma social.


Augusto Chacón
Milenio on line (24.Oct.09)

Descifrando al mito literario


Martin, profesor emérito de lenguas modernas en la estadounidense Universidad de Pittsburgh y de estudios caribeños en la británica Universidad Metropolitana de Londres, entrevistó a más de 300 personas y persiguió durante sus recorridos al ganador del premio Nobel de Literatura en 1982.


De ese arduo trabajo surgió "Gabriel García Márquez. Una vida", la vida escrita "no oficial, pero tolerada", en las propias palabras del notable literato colombiano también llamado "Gabo" por sus amigos.


El libro comienza a circular en México en estos días bajo el sello editorial Debate. A lo largo de sus 748 páginas, el libro retrata la vida de García Márquez durante su niñez, la etapa de conversión en escritor, su tarea literaria, el momento culminante de su carrera al recibir el Nobel y sus días de figura intelectual y política. Pero la biografía no ahonda en aspectos como en sus achaques de salud agudizados en esta década, su estrecha relación con el ex presidente cubano Fidel Castro o en el distanciamiento con colegas como el peruano Mario Vargas Llosa o su coterráneo Plinio Apuleyo Mendoza, según sus críticos. "


Panegirista, consejero áulico, agente de prensa, representante plenipotenciario, jefe de relaciones públicas en el extranjero, todo eso ha sido García Márquez para Castro", escribió el historiador mexicano Enrique Krauze en un duro y extenso ensayo publicado en el número de octubre de la revista mensual Letras Libres.


El novelista conoció en 1976 a Castro, quien abandonó la presidencia de Cuba por razones de salud el 31 de julio de 2006 luego de 47 años de ocupar el gobierno. El vínculo entre ambos ha adquirido blindaje desde esa fecha. "El biógrafo parece inspirarse en el inclín por la hipérbole de su biografiado, pero no falta a la verdad si se consideran el tiempo y la pasión que García Márquez invertiría después en el cabildeo, la intermediación y el periodismo a favor de Cuba y el régimen castrista", escribió, a su vez, el historiador y ensayista mexicano Antonio Saborit, en otro largo ensayo aparecido en el volumen de octubre de la revista mensual Nexos.


Letras Libres y Nexos, ambas mexicanas, se ubican en las antípodas ideológicas entre sí. La primera es heredera de la mítica Vuelta, fundada en 1976 por el poeta y también premio Nobel de Literatura Octavio Paz (1914-1998) y un grupo de intelectuales, mientras que la segunda, nacida dos años después, ha permanecido cercana a la izquierda mexicana. García Márquez, nacido en la localidad colombiana de Aracataca el 6 de marzo de 1927, llegó por primera vez a México en 1961, tras de renunciar a la agencia de noticias cubana Prensa Latina. La capital mexicana se ha convertido en la residencia permanente del autor de "El coronel no tiene quien le escriba y Crónica de una muerte anunciada".


"La cuestión es saber por qué García Márquez se aferra luego a ese régimen: porque se hizo amigo de Fidel, por su epopeya que hay en su resistencia ante Estados Unidos", indicó Martin en una conversación simultánea el lunes con oyentes de la cadena de radio y televisión británica BBC. "Aunque no estoy exculpando ni a Castro ni al escritor colombiano: si tú piensas en los niños de América Latina, Asia o África, Gabo siempre ha dicho que Cuba al menos ha garantizado no la libertad de los niños, pero sí la formación", se justificó. En estas semanas, Martin, quien también es autor de dos estudios sobre obras del guatemalteco y Premio Nobel de Literatura 1967 Miguel Asturias (1899-1974), recorre España y varios países de América Latina para presentar su libro. García Márquez se ha negado a sumarse a campañas de respaldo hacia los derechos humanos en Cuba, como ocurrió en 1969 alrededor del poeta y disidente Heberto Padilla (1932-2000), a quien el gobierno de esa isla consideró un autor contrarrevolucionario. Autoras como las francesas Simone de Beauvoir (1908-1986) y Marguerite Duras (1914-1996), el español Juan Goytisolo, la estadounidense Susan Sontag (1933-2004) y en especial Vargas Llosa criticaron duramente al gobierno de Castro por el trato prodigado a Padilla, quien abandonó Cuba en 1980.


"Obviamente también fue complicado explicar su relación con Fidel Castro, el episodio de la pelea con Vargas Llosa, sobre lo cual no quise especular", añadió Martin en la BBC. García Márquez y Vargas Llosa, quien escribió un ensayo sobre la obra de su colega, se pelearon públicamente en la capital mexicana en 1976, en un suceso no del todo aclarado hasta ahora. El Nobel colombiano se distanció de su paisano Mendoza en la década pasada por cuestiones ideológicas. Krauze criticó el hecho de que Martin no analizó en profundidad la obra periodística de García Márquez, un personaje rodeado de cierto halo de tabú entre los intelectuales mexicanos y quien también ha cultivado amistad con gobernantes como el estadounidense Bill Clinton (1993-2001) y el español Felipe González (1982-1996), así como también la tuvo con el ya fallecido mandatario Francés Francois Miterrand (1916-1996). Reunida en tres volúmenes, esas piezas vierten luz sobre los intereses del escritor, a criterio de Krauze. Un episodio polémico se ha unido a la biografía de García Márquez, el tiene que ver con la filmación de su última novela, Memoria de mis putas tristes, publicada en 2004. Organizaciones no gubernamentales contrarias a la pedofilia han censurado la grabación por considerarla una apología de la prostitución infantil. En la novela, un hombre de 90 años quiere tener relaciones sexuales con una niña virgen de 14, como un último placer de despedida de sus días.


Su lectura "me deja esta sensación de fascinada complacencia con el maltrato a las mujeres, con las niñas prostituidas, el endiosamiento del patriarca. Es una presencia constante en toda la obra de García Márquez", declaró la periodista y activista Lydia Cacho a la revista Milenio Semanal. Cacho ha sufrido persecución, encarcelamiento y amenazas de muerte por denunciar el tráfico de niñas con propósitos sexuales y pornografía infantil. La filmación, a cargo del productor mexicano Ricardo del Río y el cineasta danés Henning Carlsen, está patrocinada por la empresa de bebidas FEMSA y la cadena televisa privada Televisa. El gobierno del sureño estado de Puebla, a cargo de Mario Marín, canceló este mes su respaldo financiero al proyecto. Es el mismo político que estuvo detrás de la persecución penal y encarcelamiento de Cacho en diciembre de 2005, para favorecer a su amigo, el empresario textil Kamel Nacif. En su libro "Los demonios del Edén", Cacho involucró a Nacif en una red de pederastas, cuya cabeza visible es el empresario encarcelado Jean Surcar. Teresa Ulloa, directora de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, presentó una demanda penal contra "quienes resulten responsables por el delito de apología de la prostitución infantil y la corrupción de menores", a causa de la filmación de la película citada. Según Saborit, el novelista colombiano, cuyas memorias están contenidas en el volumen "Vivir para contarla" (2002), no sólo salió ileso a la obtención del Nobel, "sino en la mejor disposición para ahondar su interés en el poder y el amor, los temas centrales de su narrativa según Martin".


"La obra de García Márquez sobrevivirá a las extrañas fidelidades del hombre que la escribió. Pero sería un acto de justicia poética el que, en el otoño de su vida y el cenit de su gloria, se deslindara de Fidel Castro", concluyó su texto Krauze.

Gabo y los intelectuales


El feroz texto de Enrique Krauze contra las preferencias políticas de Gabriel García Márquez (“A la sombra del patriarca”, Letras Libres , octubre 2009) pretende desentrañar las motivaciones psicológicas del Nobel colombiano para sostener sus “extrañas fidelidades” con Fidel Castro, pero, en el fondo, parece una rara apelación: un escritor maravilloso, querido, admirado, premiado, leído, adinerado, imitado, estudiado y traducido no puede ni debe despedirse con una biografía monumental como la de Gerald Martin ( Gabriel García Márquez. Una vida , Debate, 2009) sin que alguien lo pase por una báscula en apariencia moral que permita enjuiciarlo no por su obra sino por –Krauze dixit -, sus “complicidades”. ¿Es esta una visión justa?

Más allá de la desmesura estética con que Letras Libres ilustra el texto de su director —una portada con García Márquez (GGM) transfigurado en pelele de Castro o la viñeta que lo sugiere ciego, sordo y mudo ante los excesos de la dictadura cubana—, el alegato de Krauze pone el acento en un terreno particularmente pantanoso que consiste en desviar la mirada del foco literario —la obra de GGM— hacia otro donde lo único que cuenta es la renuncia del intelectual, en tanto hombre público y político, a eso que suele llamarse “la verdad”.
Y aquí empiezan los dilemas.
¿Debe juzgarse a un escritor sólo por sus obras o por la decisión de, como Krauze pide, traicionar a sus amigos? Cruzar esa frontera puede ser, paradójicamente, el rasgo quizá más revelador de que se entra en el terreno del pragmatismo, en donde, dicen Denis Jeambar y Ives Roucaute, “la traición es la expresión política de la flexibilidad, la adaptabilidad”.
En otras palabras, se le pide a GGM que actúe no como lo que es —un escritor, un reportero— sino como un político que, para sobrevivir, sea capaz de administrar sus lealtades: Krauze lo crucifica porque, como intelectual, no tiene “grandeza de espíritu” pero le exige que, actuando como político, traicione, en el invierno de su vida, a sus viejas filias.
Pero, en segundo lugar, cabe preguntarse si hay en el texto de Krauze sólo el “dilema ético” de
que hace años hablaba Vargas Llosa a propósito de la política y los intelectuales o bien subyace un sedimento de desafecto personal de esos a los que, según Gerald Martin, GGM siempre le dio la vuelta por haber tenido la suerte de que “los lectores a él lo amaban más que a sus críticos… no nada más porque adoraban sus libros sino porque lo sentían uno de ellos”.
En todo caso, hay una polémica servida que puede también ser útil para actualizar, tras la apertura económica y la alternancia electoral, el examen de la relación de los intelectuales mexicanos con el poder empresarial y político.
Otto Granados
Desde la red (19.Oct.09)