martes, 3 de noviembre de 2009

Estimados lectores de Letras Libres

La revista me dijo que iba a publicar mi respuesta (o “respuesta”, como la caracteriza Enrique Krauze) en el próximo número. Tan urgente le pareció a Krauze “responder” a mi “respuesta”, sin embargo, que ahora lo encuentro en el sitio web, antes de mi próxima llegada a México. Interesará a los que piensan que soy “paranoico” saber que Krauze también colocó parte de su “reseña” en El Espectador de Bogotá, el periódico colombiano más estrechamente asociado con el trabajo periodístico de García Márquez: obviamente quería tenderme otra emboscada –perdón, darme otra bienvenida– antes de mi llegada a Colombia en una semana. Su reseña es la primera reseña publicada en todo el continente latinoamericano y su impaciencia está a la vista. Él me acusa de “histeria” pero el histérico, indudablemente, es el que responde tan rápidamente y tan incoherentemente a mis consideraciones. (No voy a volver sobre el tema psicológico de la proyección.) Para ponerlo en los términos más claros, Krauze está demasiado acostumbrado a la impunidad.
También me llama paranoico y antidemocrático. Pero no soy yo quien ha pasado más de treinta años cómodamente atrincherado en revistas conservadoras rodeado de amigos e incondicionales. Krauze no me conoce y su insulto no me define a mí sino a él y su manera de obrar. (En estas semanas la derecha estadounidense está tildando –histéricamente– al presidente Obama de comunista e hitleriano a la vez.) Tratar de entender y explicar la atracción del comunismo o del socialismo (o del pensamiento fascista o conservador) no es ser comunista ni antidemocrático: al contrario, semejantes explicaciones son fundamentales en cualquier democracia.
Repito que Krauze tergiversa lo que digo sobre el coronel Márquez, aunque también es verdad –repito– que digo muchas cosas críticas al respecto y fui el primero en hacerlo. Yo digo en mi libro que los hijos de García Márquez fueron a colegios británicos y que Krauze dijo que los envió a colegios americanos. Él se defiende diciendo que fueron “colegios anglosajones”. Ahí, ahí mismo, está pintado el método de Enrique Krauze. Y repito entonces que Krauze deja de ser historiador y académico cuando escribe en Letras Libres: y las primeras víctimas, siempre, no son los procastristas, los paranoicos, los histéricos y los antidemocráticos sino las reglas del juego comenzando con lo más sagrado de todo: los hechos y la verdad y el respeto al adversario.

Es verdad que algunas reseñas –una pequeña aunque importante minoría– han dicho que mi libro es demasiado “deferente” o “admirativo” con respecto a García Márquez. Y es verdad que una de esas reseñas fue publicada en The New York Times Book Review. Fue escrito por el conocido ideólogo neoliberal Paul Berman, uno de los pocos intelectuales de Estados Unidos que apoyó y sigue apoyando la invasión de Iraq y, en términos generales, la política de George W. Bush en Medio Oriente. Una de dos cosas: o Krauze quiere engañar nuevamente a sus lectores o piensa realmente que todo lo que se publica en una revista refleja –o debería– reflejar lo que piensan sus editores.
Lo que Krauze no menciona es que la gran mayoría dice que es un libro bien matizado con una perspectiva crítica constante y tónica. (Puede que se equivoquen todos, no lo niego.) No cita, por ejemplo, la reseña del New York Times, que subraya este punto. Ahora, después del lanzamiento en España la semana pasada, hay más de cien reseñas y la de Krauze está dentro de las tres críticas más negativas (además de haber sido publicada preemptivamente para predisponer la opinión crítica inmediatamente antes de su publicación en español).
¿”Deferente”? No: me pregunto si Gabriel García Márquez piensa que mi libro es deferente. ¿“Admirativo”? Sí: confieso que, a final de muchas cuentas y a pesar de un gran todo, admiro a García Márquez. Y ahora les ruego imaginarse, estimados lectores de Letras Libres, lo que habría sido una biografía de Octavio Paz escrita por Enrique Krauze…
Repito: Enrique Krauze es un historiador bien conocido y respetado pero su Doctor Hyde es un ideólogo conservador incapaz de hablar bien de un escritor como García Márquez que ha tenido una experiencia de la vida muy diferente de la suya. Yo no soy su blanco principal: me ataca a mí para hacerle daño a García Márquez (y a García Márquez para hacerle daño a Castro). Pero pienso que García Márquez sobrevivirá airosamente los ataques de Krauze; más interesante es saber si Krauze sobrevivirá sus ataques a grandes figuras como García Márquez y su defensa de figuras conservadoras pasajeras y a veces turbias. En cuanto a mí, sería muy imbécil el hombre que pasara 18 años de su vida investigando una persona para escribir su apología. Soy su biógrafo (uno de sus biógrafos); no soy su vocero ni su apologista.
Muchas veces, demasiadas veces, en política triunfa el que encubre o disimula; en el debate intelectual triunfa casi siempre, paulatinamente, la verdad. Yo escribo lo que pienso: Krauze escribe lo que le conviene.
Gerald Martin

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