En las 2,762 palabras que componen la “respuesta” del profesor Gerald Martin hay irritadas, confusas y paranoicas descalificaciones, pero no un desmentido de los hechos que señalo porque constan en su libro:
Martin documenta la verdad falsificada por García Márquez cuando presenta como un acto de honor ofendido el homicidio cometido por su abuelo, el coronel Nicolás Márquez Mejía, irritado por las reclamaciones del joven hijo de su amante (pp. 17-20 y 555 de la edición en inglés).
Martin informa sobre la desgracia que fue para la familia del coronel que la United Fruit se retirara (pp. 52-54), sobre el empleo de García Márquez en dos agencias de publicidad norteamericanas (p. 276) y sobre los colegios anglosajones de sus hijos (p. 321).
Martin dice que escamoteo mencionar lo que escribe “en contra” de García Márquez, pero el entrecomillado lo delata: aunque alude a la servidumbre política de García Márquez, lo hace con un tono de piadosa complicidad, como si la hallara a un tiempo reprochable y enternecedora. Leyendo su respuesta, entiendo mejor por qué: al profesor la democracia le saca ronchas.
No soy el único que ha encontrado hagiográfica la que él mismo llama una “biografía tolerada”: allí están las reseñas adversas publicadas en esos perversos órganos del pensamiento “conservador” que son The New York Times Book Review y The New York Review of Books. Pero me interesaron especialmente las contradicciones internas del libro: los hechos documentados por él mismo y sumergidos bajo nubes de incienso.
El profesor sostiene que no estoy “dispuesto a pelear cara a cara”. La histeria que le provocó mi ensayo demuestra lo contrario.
Martin documenta la verdad falsificada por García Márquez cuando presenta como un acto de honor ofendido el homicidio cometido por su abuelo, el coronel Nicolás Márquez Mejía, irritado por las reclamaciones del joven hijo de su amante (pp. 17-20 y 555 de la edición en inglés).
Martin informa sobre la desgracia que fue para la familia del coronel que la United Fruit se retirara (pp. 52-54), sobre el empleo de García Márquez en dos agencias de publicidad norteamericanas (p. 276) y sobre los colegios anglosajones de sus hijos (p. 321).
Martin dice que escamoteo mencionar lo que escribe “en contra” de García Márquez, pero el entrecomillado lo delata: aunque alude a la servidumbre política de García Márquez, lo hace con un tono de piadosa complicidad, como si la hallara a un tiempo reprochable y enternecedora. Leyendo su respuesta, entiendo mejor por qué: al profesor la democracia le saca ronchas.
No soy el único que ha encontrado hagiográfica la que él mismo llama una “biografía tolerada”: allí están las reseñas adversas publicadas en esos perversos órganos del pensamiento “conservador” que son The New York Times Book Review y The New York Review of Books. Pero me interesaron especialmente las contradicciones internas del libro: los hechos documentados por él mismo y sumergidos bajo nubes de incienso.
El profesor sostiene que no estoy “dispuesto a pelear cara a cara”. La histeria que le provocó mi ensayo demuestra lo contrario.
– Enrique Krauze

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