martes, 3 de noviembre de 2009

Periodismo aguado

Para Krauze, la “reputación prístina de García Márquez en el mundo angloparlante no sobreviviría una traducción al inglés de su obra completa de periodismo”. García Márquez, dice Krauze en el ensayo “A la sombra del patriarca”, publicado en la revista Letras Libres y en The New Republic, faltó a la verdad en sus crónicas.

A pesar del tamaño de la afirmación sobre Gabo —el Nobel, el arquetipo del reportero de El Espectador, el fundador de la Fundación Nuevo Periodismo y de las revistas Alternativa y Cambio 16—, en Colombia ha tenido poco eco.
Krauze no sólo lo afirma, sino que lo muestra. Por ejemplo, en su crónica para Alternativa sobre Cuba en 1975, Gabo escribe que en la isla no existía “represión policial o discriminación de ninguna índole”. Esto a pesar de estar bien enterado de los campos de concentración para homosexuales, devotos religiosos y disidentes políticos. “Cuba de cabo a rabo”, el título de esta crónica, se adhiere, según Krauze, a un patrón en todo su periodismo político: “escuchar sólo la versión de los poderosos, contrarrestar (escamotear, atenuar, distorsionar, falsear, omitir) toda información que pudiera ‘hacer el juego al imperialismo’”. Desde la justificación de la ejecución de Imre Nagy, el líder de la insurrección en Hungría, publicado hace años en este diario, hasta la marginalización de la voz de los refugiados del régimen comunista de Vietnam en su crónica “Vietnam por dentro”.
Si el patrón del periodismo de Gabo fuera sólo de él, la crítica de Krauze podría ser archivada en los anaqueles de historia. Pero entonces aparece un artículo en la revista Cambio (primera ironía) sobre las críticas de Krauze y Paul Berman —del New York Times— a Gabo (segunda ironía) que hace pensar que el patrón está vivo.
Según Cambio, es “Imposible no ver detrás de ello [de las críticas] un discurso soterrado de corte neocon, corriente antiizquierdista de nuevos conservadores de Estados Unidos que... buscan imponer el modelo de democracia norteamericano a como dé lugar”. En esta muestra de periodismo activista la revista no se toma la molestia de considerar la naturaleza de las críticas antes de descalificar a los que las profieren. Y luego, en la descalificación, hace uso de generalizaciones falsas. Por ejemplo, sobre The New Republic, Cambio afirma que es un medio de “claro corte conservador”, sin tener en cuenta que la revista se precia de haber “inventado el uso moderno del término ‘liberal’”, según su editor Franklin Foer.
La crítica de Krauze, en cuanto habla del compromiso del periodismo con la verdad, es igualmente válida para las crónicas de Gabo y para las columnas de, digamos, José Obdulio Gaviria. Leerla como un ataque político es como cambiar la mirada del periodista por la vigilancia del propagandista.
Daniel Pacheco
El Espectador.com (2.Nov.09)

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