
Hace tiempo que no leía una polémica de este nivel. Ni cuando, en un debate que se degradó tanto como el de Claudio Sánchez Albornoz contra Américo Castro, el primero lanzó a quienes llamaba, con su sexismo, “mis escuderas” a la caza y derribo de las que tildaba provocativamente como “las huestes castristas”, provocativamente porque ya existía el “otro” castrismo, en expresión también suya, ni siquiera entonces un debate llegó a mi juicio a niveles tan bajos. Ni el mismo mamotreto racista de Sánchez Albornoz “España, un Enigma Histórico”, publicado con financiación franquista durante un exilio en el que el autor era a la sazón Presidente del Gobierno de la República, se llega a ese nivel de bajeza moral e intelectual. No se me ocurre otra comparación que, con buena voluntad, pudiera dejar en mejor lugar el intercambio entre Enrique Krauze y Gerald Martin en la revista “Letras Libres” a propósito de la biografía de García Márquez publicada por el segundo. ¿Algo en común? El racismo criollo contra indígenas. Veamos.
En el debate entre Martin y Krauze, al uno, a Martin, creo que le pierde su devoción incluso contra evidencia; al otro, a Krauze, su displicencia tampoco muy respetuosa con méritos y deméritos acreditados. El resultado del encontronazo es previsible y comprobadamente el del peor maniqueísmo. Aprecio la habilidad literaria de Krauze para disimularlo con cierto estilo, pero él es quien marca el escenario de un desencuentro buscado. Y lo digo no sólo a afectos políticos, sino también literarios. ¿Se puede seriamente tomar como canon crítico, según hace Krauze, un par de puyazos envidiosos de Borges y de Vargas Llosa contra el éxito espectacular y apabullante, Premio Nobel incluido, de García Márquez? El primero, Borges, lanzó su puyazo al menos con sentido del humor, pues lo que dijo es que a los cien años les sobraban unos cuantos.
En el debate entre Martin y Krauze, al uno, a Martin, creo que le pierde su devoción incluso contra evidencia; al otro, a Krauze, su displicencia tampoco muy respetuosa con méritos y deméritos acreditados. El resultado del encontronazo es previsible y comprobadamente el del peor maniqueísmo. Aprecio la habilidad literaria de Krauze para disimularlo con cierto estilo, pero él es quien marca el escenario de un desencuentro buscado. Y lo digo no sólo a afectos políticos, sino también literarios. ¿Se puede seriamente tomar como canon crítico, según hace Krauze, un par de puyazos envidiosos de Borges y de Vargas Llosa contra el éxito espectacular y apabullante, Premio Nobel incluido, de García Márquez? El primero, Borges, lanzó su puyazo al menos con sentido del humor, pues lo que dijo es que a los cien años les sobraban unos cuantos.
Y a efectos políticos, ¿cómo se pueden contraponer tan categóricamente como hace Krauze las posiciones del autor de los “Cien Años de Soledad” y del constructor de “Conversación en La Catedral”? Cito estos dos libros y no otros porque, caso raro en mi memoria personal, recuerdo bien cuándo, en qué circunstancias, entre qué compañía y con qué admiración los leí. Es difícil olvidar el “¿Cuándo se jodió el Perú?” de Zavalita, quiero decir de Vargas Llosa, quien luego demostraría con creces hasta qué punto carece de respuesta. En mi caso, aquellos eran tiempos de plena dictadura franquista, reduplicada además por hallarme en periodo de servicio militar obligatorio, y todo ello, leído en España y en dependencias militares a escondidas, alcanzaba una resonancia mucho más potente, si esto cabía. Sólo más tarde comprobé que es difícil superar la que tuvo y mantiene la pregunta de Zavalita en el propio Perú. Alan García, ahora apoyado por gentes como Vargas Llosa y el mismo Krauze, sabe algo, bastante, de por qué la pregunta hoy resuena más grave.
Pues bien, a efectos políticos, hay algo en común entre ambos escritores, entre García Márquez y Vargas Llosa, y esto es la inconsistencia e irresponsabilidad de los términos como se explican y justifican en tal terreno, el político. No es más responsable y consistente Vargas Llosa porque más se prodigue. A efectos de debate intelectual como el que se plantea entre Martin y Krauze, creo que ese rasgo en común resulta más significativo y alcanza un peso superior que la polarización aparatosamente extrema entre las posiciones políticas de referencia para el uno y para el otro, la castrista sin comillas de García Márquez y la neoliberal sin matices de Vargas Llosa. Y esto es algo que contamina el entero debate entre quienes se comportan realmente como escuderos, entre Krauze y Martin, Martin y Krauze.
Una última apostilla. En el afán de Krauze por descalificar a García Márquez no sólo en el terreno político, sino también, aun en inferior medida, en el literario, frente a la aseveración de Martin de que “Cien Años” es el retrato definitivo en el que América Latina puede reconocerse a sí misma, replica este crítico que mal puede serlo pues le falta, junto a “la religiosidad católica”, “la dimensión indígena”. Cierto es, pero ¿cómo y sin más explicaciones, con cuánta desfachatez, puede permitirse apuntar esto un enemigo jurado de los derechos de los pueblos indígenas como el propio Krauze?
Cabe añadir que Gerald Martin elude responder sobre el punto de la ausencia indígena y quizás con sus razones para la complicidad. Si hay otro rasgo en común, éste bien sustantivo, entre García Márquez y Vargas Llosa, más disimulado por el primero y más manifiesto por el segundo, es el del proverbial e incombustible, fuertemente arraigado y absolutamente insensible, racismo criollo. Mi admiración de joven se resiente desde luego por la constatación de adulto.
Nota: Gerald Martin, Gabriel García Márquez: A Life, se ha publicado primero en inglés (Bloomsbury y Borzoi, 2008, distribuido en América desde mediados de 2009) y acaba de aparecer en castellano (Gabriel García Márquez. Una Vida, trad. de Eugenia Vázquez, Vintage y Debate, 2009). Enrique Krauze se ha apresurado a publicar su crítica descalificatoria antes de la distribución de la versión en español. Lo ha hecho en la revista de su dirección “Letras Libres”, número del mes de octubre de 2009, en cuyo sitio web puede igualmente encontrarse el debate con Gerald Martin, también entre precipitaciones de las que éste se queja. Simultáneamente, la crítica de Krauze aparece vertida al inglés en “The New Republic”, número del 23 de octubre de 2009, edición en la que se jacta de dar a conocer al mundo anglosajón noticias sobre García Márquez que Martin, tras su trabajo para la biografía de cerca de veinte años, habría deliberadamente ocultado. Krauze se sirve de lo aprendido de Martin. Tal es la tónica. Tal, el nivel.
Nota: Gerald Martin, Gabriel García Márquez: A Life, se ha publicado primero en inglés (Bloomsbury y Borzoi, 2008, distribuido en América desde mediados de 2009) y acaba de aparecer en castellano (Gabriel García Márquez. Una Vida, trad. de Eugenia Vázquez, Vintage y Debate, 2009). Enrique Krauze se ha apresurado a publicar su crítica descalificatoria antes de la distribución de la versión en español. Lo ha hecho en la revista de su dirección “Letras Libres”, número del mes de octubre de 2009, en cuyo sitio web puede igualmente encontrarse el debate con Gerald Martin, también entre precipitaciones de las que éste se queja. Simultáneamente, la crítica de Krauze aparece vertida al inglés en “The New Republic”, número del 23 de octubre de 2009, edición en la que se jacta de dar a conocer al mundo anglosajón noticias sobre García Márquez que Martin, tras su trabajo para la biografía de cerca de veinte años, habría deliberadamente ocultado. Krauze se sirve de lo aprendido de Martin. Tal es la tónica. Tal, el nivel.
Bartolomé Clavero
Debate político-literario (31.Oct.09)

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