martes, 3 de noviembre de 2009

Vivir importa más que escribir


Las últimas palabras que Gabriel García Márquez le dice a Gerald Martin, su biógrafo, en una entrevista cuando "desde el ventanal de un hotel al sur de la Ciudad de México el Gabo contemplaba el siglo XXI que pasaba ante sus ojos a velocidad vertiginosa, un mundo que ya no le pertenecía, murmura: todo esto se acaba". Esta imagen de un García Márquez "debilitado por el cáncer, deprimido y esquivo con la prensa, pese a los homenajes internacionales a su persona y a su obra" (Proceso, 1718), es una de las imágenes que en el final de la vida de su célebre biografiado nos entrega su biógrafo... Hoy quiero compartir con usted, estimada señora Deándar, lo más significativo de lo que se ha publicado sobre esta biografía. Veamos:


1. Gabriel García Márquez. Una vida (Debate, 2009) es el título de este extenso trabajo sobre el Nobel colombiano que empezará a circular en breve. A su autor, Gerald Martin, profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, le llevó más de tres lustros escribirlo; fue editado originalmente en inglés y ahora en español. Proceso publica en el número que cito, extractos del capítulo titulado "La Revolución Cubana y Estados Unidos (1959-1961)", en el que se narran las vicisitudes del joven García Márquez cuando trabajaba, primero en La Habana y después en Nueva York para la agencia de noticias de Prensa Latina: "García Márquez queda inserto en el conflicto suscitado al triunfo de la Revolución Cubana entre la Unión Soviética y los Estados Unidos". Atañe a nosotros, neolaredenses, esta parte de la biografía, porque Martin cita lo que su biografiado escribió cuando en 1961 deja Nueva York y decide instalarse en la Ciudad de México: "Por fin, tras de largas semanas, inolvidables, no obstante que tuvieron que atiborrarse de hamburguesas hechas de cartón molido y de perros calientes de aserrín y de coca colas, llegaron (García Márquez, Mercedes y el pequeño Rodrigo) a la frontera en Laredo. Allí en la frontera más rica en contrastes del mundo, hallaron un pueblo sucio, sórdido; sin embargo sintieron que la vida de repente volvía a ser real. En el primer restaurante barato que encontraron degustaron una comida deliciosa. Mercedes decidió entonces que podía vivir en un país como México, donde había descubierto que conocían el secreto para cocinar el arroz, así como muchas otras cosas".

2. Nexos (382, octubre 2009) publica otro pasaje de esta monumental biografía, donde Gerald Martin relata los días de escritura de El coronel no tiene quien le escriba, en París, entre 1955 y 1956, "en medio de dos compañías abrumadoras: la escasez y el amor". Muchos años después cuando Gabo recuerda aquellos días, declararía: "yo sé lo que es esperar el correo (las cartas que le escribía desde Colombia, Mercedes, su novia) y pasar hambre y pedir limosna: así terminé en París El Coronel no tiene quien le escriba, que soy un poco yo mismo"... En el mismo número de Nexos, "Vivir para escribirla", es el título del artículo de Antonio Saborit, del que espigo, señora, este pasaje: "No obstante la inexperiencia de uno (Gerald Martin como biógrafo) y las reservas del otro (García Márquez), quien opuso resistencia al rastreo de sus tres vidas: la pública, la privada y la secreta, la obra de Martin es la feliz consumación de un estudio biográfico (...) Un estudio que restituye la alegoría continua que encierra esta misma vida, la cual se resume en estas palabras de Julio Cortázar: Vivir importa más que escribir, salvo que escribir sea -como tan pocas veces- un vivir".

3. Interesante resulta el extenso ensayo: "A la sombra del patriarca" de Enrique Krauze (Letras Libres, 130) sobre la biografía del famoso escritor: especialmente la parte en la que Krauze hace una revisión de la atracción de García Márquez por el poder y su amistad con Fidel Castro, "para descubrir las claves psicológicas y morales de la fascinación del escritor colombiano por el poder". Krauze apunta que una de las claves, seguramente de las más importantes, es la impronta que deja en Gabito, niño de 8 años, su abuelo materno; de allí el título del ensayo (A la sombra del patriarca), donde patriarca resulta un eufemismo que oculta al tirano o al poderoso; pues eso es lo que encierra en el imaginario del escritor colombiano, su abuelo, que se duplica en los protagonistas de algunas de sus novelas: El coronel no tiene quien le escriba (1961), Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975); novelas en las que es el abuelo redivivo el que reencarna en los personajes protagónicos de la ficción. Aquí están probablemente también las claves de su realismo mágico. Krauze es riguroso con el escritor: "ante la tiranía de Castro, la posición de García Márquez es, ¿absoluto silencio o complicidad absoluta? ¿Por qué sigue respaldando públicamente a un régimen que comete tantas injusticias?.... Ante la prisión en 2003 de 78 disidentes, condenándolos a penas de entre doce y veintisiete años de cárcel, ¿no hubiera sido más valioso denunciar públicamente el injusto encarcelamiento de esos disidentes y así contribuir a acabar con el sistema de prisiones políticas cubano? Gabriel García Márquez no es un escritor en su torre de marfil: ha declarado estar orgulloso de su oficio de periodista. Ha dicho que el reportaje es un género literario que puede ser igual a un cuento o una novela, con la diferencia que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites, pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma". Krauze pregunta ¿cómo conciliar esta declaración de la moral periodística con su propio ocultamiento de la verdad en Cuba, a pesar de tener acceso privilegiado a información interna?

4. El final del ensayo de Krauze, es severo con el escritor: "Su obra sobrevivirá a las extrañas fidelidades del hombre que la escribió (...) Sería un acto de justicia poética el que, en el otoño de su vida y el cenit de su gloria, se deslindara de Fidel Castro y pusiera su prestigio al servicio de los 'boat people' cubanos. Aunque tal vez sea imposible. Esas cosas inverosímiles sólo pasan en las novelas de García Márquez".
Cartas a Ninfa Deándar (El Mañana, Laredo, 16.Oct.09)

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