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martes, 3 de noviembre de 2009

Presenta Gerald Martin biografía "tolerada" de García Márquez

El inglés Gerald Martin, biógrafo "oficial" del escritor Gabriel García Márquez (así lo ha llamado el autor de Cien años de soledad), afirma que no hubo un "debate abierto" en torno a llevar la novela Memoria de mis putas tristes que Gabo públicó en 2004.Horas antes de presentar esta noche su libro Gabriel García Márquez: Una vida en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Martin afirmó, en entrevista con Apro, que el tema de la pederastia "es muy complejo y que, en lugar de abrirse a un debate, lo que hicieron fue cerrarse".
La periodista Lydia Cacho y Teresa Ulloa, directora de la Coalición Regional Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, pararon el proyecto de llevar al cine Memoria de mis putas tristes, que dirigirían el danés Henning Carlsen y el mexicano Ricardo del Río, con financiamiento de FEMSA, Televisa y el gobierno de Puebla. La primera, en su columna de El Universal, cuestionó a García Márquez por no expresarse respecto de la intención del gobierno de Puebla de invertir en ese filme, porque sería "una apología fílmica de la trata de menores".En diciembre de 2005, Cacho, autora del libro Los demonios del Edén (donde señala al empresario Kamel Nacif como parte de una red de pederastia), fue encarcelada por policías judiciales en Puebla, debido a una demanda por difamación interpuesta por Nacif.
Después se difundieron una serie de grabaciones telefónicas en las que el gobernador de Puebla, Mario Marín, y el empresario, reían y celebraban su detención.La segunda, Ulloa, anunció que denunciaría penalmente al Nobel de Literatura colombiano, a los productores del largometraje, al gobierno de Puebla, a FEMSA y Televisa por lo delitos de "apología de la prostitución infantil y corrupción de menores de edad".En tanto, la reconocida productora y guionista, Beatriz Novaro, le envió al realizador Del Río un correo, donde le señaló que si acepta el dinero del gobierno de Puebla "estaría siendo financiado por la mafia más indignante que oculta la red de pedofilia de tráfico de niños".
Martin dijo que expresar que el filme sería una apología de la trata de menores "es un tema muy complicado":"Si la película no hubiera estado financiada por Puebla, probablemente no hubiera pasado nada. Me sorprende mucho que no hubiera habido problemas cuando el libro salió a la venta. La pederastia es una cosa muy complicada que no se puede simplificar, pero el tema del libro es polémico, incluso escabroso. Estoy de acuerdo que las películas no son tan complejas como la literatura, pero los que iban a filmar la película era gente muy seria, no son sensacionalistas, ni personas de cine de explotación", dijo."Hubiera sido interesante saber qué querían hacer los cineastas y cómo sería el guión, pero al mismo tiempo comprendo lo que ha dicho la gente. Es una época en la que la pedofilia tiene una especie de auge porque en internet sabemos que circulan cada vez más. Quizá en dos horas de charla podría profundizar sobre este asunto, pero no en cinco minutos, no se puede.
"Después dijo que ese caso le ayudó a promocionar su libro Gabriel García Márquez: Una vida, porque le dedica cinco páginas a Memoria de mis putas tristes:"Hablo de ese tema, la pederastia, no es algo que eludí, al contrario", señalaSobre el artículo Gabriel García Márquez: A la sombra del patriarca que escribió Enrique Krauze en la revista Letras Libres, bromeó:"La gente no sabe que Enrique Krauze es mi mejor amigo. Entonces, lo hizo para promocionar mi libro; realmente no está en desacuerdo."Enseguida, manifestó sonriendo:"No, no… ignora lo que acabo de decir…".Ya serio, explicó que Krauze leyó su libro para ver si estaba en contra de Fidel Castro.
"Eso ha pasado también con los exiliados cubanos, y están en su derecho."Añadió:"Me tendió una especie de emboscada porque quiso que saliera su artículo al mismo tiempo que lanzo mi libro, y también tuvo la generosidad de enviar su artículo a Bogotá, para que me esperara la polémica allá. La biografía la presentaré en Bogotá creo que este 30 de octubre."--¿Pero está de acuerdo con lo que escribe Krauze?--No estoy de acuerdo con Krauze y tampoco me sorprende que no esté de acuerdo conmigo, pero el debate es el debate. Tengo 180 reseñas en las que no están de acuerdo con Krauze y como tres o cuatro en las que sí están de acuerdo. Eso de alguna manera sitúa, ¿no?El inglés Martin, quien conversó cerca de 40 veces con el también autor de El coronel no tiene quien le escriba, Crónica de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera, trató de ser objetivo al escribir el volumen, según él."Aunque en realidad nunca hubo una entrevista formal, pero lo conocí muy bien, y me fue difícil guardar distancia y, al mismo tiempo, no caer en la exagerada crítica", añadió.El resultado fue una biografía "tolerada" que ya presentó en España.
-¿Por qué una biografía "tolerada"?--Es un juego en cierto sentido porque hay muchos tipos de autorización. Cuando yo le pronuncié a Gabo, hace casi 20 años, que quería realizar su biografía, al momento no me dijo nada. Sólo al final me dijo que estaba bien, 'pero no me hagas trabajar', no hubo un contrato firmado con derecho a tener acceso a todo, cartas, agendas, en fin… Cuando finalmente dijo que yo era su biógrafo oficial, fue una sorpresa. Creo que quiso decir que soy el único que se ha ocupado de hacer su biografía.
En la Sala Manuel M. Ponce, Martin estuvo acompañado por Héctor Aguilar Camín, José Agustín y Claudio López de la Madrid. El moderador fue el comentarista de TV Azteca Sergio Sarmiento.
La cita fue a las 19 horas y a esa hora el espacio ya no bastaba para los asistentes, por lo que se puso una pantalla en la sala de exposiciones del Palacio de Bellas Artes.
Al acto no asistió García Márquez, como era previsible, aunque la editorial lo boletinó así.
Columba Vertiz de la Fuente
Proceso.com.mx (26.Oct.09)
http://www.proceso.com.mx/noticias_articulo.php?articulo=73445

La moral en tipos con cólera



Cuando los problemas de la vida real dejen de ser estimulantes, recurra a remediar los de la ficción, y a ésta júzguela como si en ello le fuera la vida. Treinta y cuatro años después de la primera edición de El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, Enrique Krauze (Letras Libres, octubre de 2009), encontró algunas fallas éticas en el texto: “Más allá del lenguaje, la trama no deja de registrar la subjetividad del tirano: sus nostalgias, sus miedos, sus sentimientos. Pero la simplicidad de su mundo interior resulta moralmente ofensiva: rara vez se escuchan reflexiones sobre las responsabilidades y dilemas del poder, cavilaciones sobre el mal, la abyección o el cinismo, mucho menos el atisbo de un drama de conciencia”. “En el texto sólo hay espacio para la conciencia del dictador. Todo sucede en, para, desde la perspectiva del patriarca”. “[…] una novela en la que la palabra ‘tirano’ se suaviza dulcemente en ‘patriarca’ […]”. ¡Ah qué García Márquez y sus novelitas que resultan ofensivas a la moral de Krauze! ¿Cómo no se le ocurrió al colombiano inventar un tirano demócrata o un lenguaje que fuera capaz de evidenciar una dictadura reflexiva y culposa, ajena al plan de su libro? ¿Por qué no pudo darle voz a los sometidos para que las buenas conciencias no tengan conflictos espirituales? No le hace que fuera nomás voz literaria, el caso es que el déspota de su novela no anduviera, décadas después, arrastrando en el lodo lo políticamente correcto.

Si la justicia no es justa y las explicaciones lógicas para tratar de entender semejante pleonasmo ya se le agotaron, busque la raíz del problema en el manual perfecto para cometer crímenes que es la literatura. Rogelio Villarreal (Milenio Semanal, número 609), nos contó el domingo anterior: “En el breve y penoso capítulo ‘Succar leyó Lolita’ Lydia Cacho cita a la periodista colombiana Sonia Gómez, quien reprocha a su célebre paisano [García Márquez] ‘no haberse ocupado, a estas alturas de la vida, por contarnos historias que nos den luces para salir de esta noche negra de Colombia, donde los niños y especialmente las niñas, se han convertido en carne tierna para roedores humanos’”.


No tiene remedio, Gabriel García Márquez empedró el camino hacia el premio Nobel con las peores taras latinoamericanas y lavó los trapos sucios fuera de casa. Anatema. Es un alivio que Cacho y Krauze, tarde pero con enjundia, se hayan decidido a rescatar el arte de la moral única, al estilo de José Stalin, con el equivalente ético de aplicar un IVA de 2 por ciento para salvarnos de la miseria cívica que padecemos, ambos proponen desterrar a Gabo el impío a un gulag de mentiritas, donde se le negará el apoyo de la opinión pública que busca la trascendencia ontológica con airadas protestas contra la libertad de los escritores o contra cualquier cosa que le señalen las esforzadas y esforzados (como Krauze y Cacho) que velan por los más altos valores, aunque sea en la ficción.


Los insidiosos que nunca faltan ya buscan mensajes cifrados detrás de esta coincidencia temporal y argumental de Lydia Cacho y Enrique Krauze. La primera exige que el papá de Cien años de soledad reconozca que tiene responsabilidad moral con el destino de su obra, particularmente con la novela Memoria de mis putas tristes. El segundo, harto de jugar a la Ouija en busca de la guía perdida de Octavio Paz, sugiere que García Márquez expíe sus culpas morales mediante un “acto de justicia poética” (luego de leer tal frase, no queda más que tragar saliva y que la garganta suene con un rotundo gulp): que se deslinde de Fidel Castro.


Mientras García Márquez acata las propuestas de tan preclaras mentes (en este mismo instante debe estar transido, a punto de la fiebre), a los que no accedemos a la justicia, a secas, a quienes nadie nos hace caso cuando exigimos a los gobernantes responsabilidad, legal al menos, la oportunidad se nos presenta reluciente: Krauze encontró, otra vez, la alfombra mágica que va de la ficción a la realidad, que le demande a Paco Ignacio Taibo II que su novela Héroes convocados se vuelva la más estricta justicia poética en el mundo objetivo, donde la crisis, la guerra contra el narco, la pobreza de millones -y la de ciertos intelectuales- campean. Revisionismo político y moral en la literatura, por eso sindicatos como el de los electricistas pueden hacer del surrealismo arma social.


Augusto Chacón
Milenio on line (24.Oct.09)

Descifrando al mito literario


Martin, profesor emérito de lenguas modernas en la estadounidense Universidad de Pittsburgh y de estudios caribeños en la británica Universidad Metropolitana de Londres, entrevistó a más de 300 personas y persiguió durante sus recorridos al ganador del premio Nobel de Literatura en 1982.


De ese arduo trabajo surgió "Gabriel García Márquez. Una vida", la vida escrita "no oficial, pero tolerada", en las propias palabras del notable literato colombiano también llamado "Gabo" por sus amigos.


El libro comienza a circular en México en estos días bajo el sello editorial Debate. A lo largo de sus 748 páginas, el libro retrata la vida de García Márquez durante su niñez, la etapa de conversión en escritor, su tarea literaria, el momento culminante de su carrera al recibir el Nobel y sus días de figura intelectual y política. Pero la biografía no ahonda en aspectos como en sus achaques de salud agudizados en esta década, su estrecha relación con el ex presidente cubano Fidel Castro o en el distanciamiento con colegas como el peruano Mario Vargas Llosa o su coterráneo Plinio Apuleyo Mendoza, según sus críticos. "


Panegirista, consejero áulico, agente de prensa, representante plenipotenciario, jefe de relaciones públicas en el extranjero, todo eso ha sido García Márquez para Castro", escribió el historiador mexicano Enrique Krauze en un duro y extenso ensayo publicado en el número de octubre de la revista mensual Letras Libres.


El novelista conoció en 1976 a Castro, quien abandonó la presidencia de Cuba por razones de salud el 31 de julio de 2006 luego de 47 años de ocupar el gobierno. El vínculo entre ambos ha adquirido blindaje desde esa fecha. "El biógrafo parece inspirarse en el inclín por la hipérbole de su biografiado, pero no falta a la verdad si se consideran el tiempo y la pasión que García Márquez invertiría después en el cabildeo, la intermediación y el periodismo a favor de Cuba y el régimen castrista", escribió, a su vez, el historiador y ensayista mexicano Antonio Saborit, en otro largo ensayo aparecido en el volumen de octubre de la revista mensual Nexos.


Letras Libres y Nexos, ambas mexicanas, se ubican en las antípodas ideológicas entre sí. La primera es heredera de la mítica Vuelta, fundada en 1976 por el poeta y también premio Nobel de Literatura Octavio Paz (1914-1998) y un grupo de intelectuales, mientras que la segunda, nacida dos años después, ha permanecido cercana a la izquierda mexicana. García Márquez, nacido en la localidad colombiana de Aracataca el 6 de marzo de 1927, llegó por primera vez a México en 1961, tras de renunciar a la agencia de noticias cubana Prensa Latina. La capital mexicana se ha convertido en la residencia permanente del autor de "El coronel no tiene quien le escriba y Crónica de una muerte anunciada".


"La cuestión es saber por qué García Márquez se aferra luego a ese régimen: porque se hizo amigo de Fidel, por su epopeya que hay en su resistencia ante Estados Unidos", indicó Martin en una conversación simultánea el lunes con oyentes de la cadena de radio y televisión británica BBC. "Aunque no estoy exculpando ni a Castro ni al escritor colombiano: si tú piensas en los niños de América Latina, Asia o África, Gabo siempre ha dicho que Cuba al menos ha garantizado no la libertad de los niños, pero sí la formación", se justificó. En estas semanas, Martin, quien también es autor de dos estudios sobre obras del guatemalteco y Premio Nobel de Literatura 1967 Miguel Asturias (1899-1974), recorre España y varios países de América Latina para presentar su libro. García Márquez se ha negado a sumarse a campañas de respaldo hacia los derechos humanos en Cuba, como ocurrió en 1969 alrededor del poeta y disidente Heberto Padilla (1932-2000), a quien el gobierno de esa isla consideró un autor contrarrevolucionario. Autoras como las francesas Simone de Beauvoir (1908-1986) y Marguerite Duras (1914-1996), el español Juan Goytisolo, la estadounidense Susan Sontag (1933-2004) y en especial Vargas Llosa criticaron duramente al gobierno de Castro por el trato prodigado a Padilla, quien abandonó Cuba en 1980.


"Obviamente también fue complicado explicar su relación con Fidel Castro, el episodio de la pelea con Vargas Llosa, sobre lo cual no quise especular", añadió Martin en la BBC. García Márquez y Vargas Llosa, quien escribió un ensayo sobre la obra de su colega, se pelearon públicamente en la capital mexicana en 1976, en un suceso no del todo aclarado hasta ahora. El Nobel colombiano se distanció de su paisano Mendoza en la década pasada por cuestiones ideológicas. Krauze criticó el hecho de que Martin no analizó en profundidad la obra periodística de García Márquez, un personaje rodeado de cierto halo de tabú entre los intelectuales mexicanos y quien también ha cultivado amistad con gobernantes como el estadounidense Bill Clinton (1993-2001) y el español Felipe González (1982-1996), así como también la tuvo con el ya fallecido mandatario Francés Francois Miterrand (1916-1996). Reunida en tres volúmenes, esas piezas vierten luz sobre los intereses del escritor, a criterio de Krauze. Un episodio polémico se ha unido a la biografía de García Márquez, el tiene que ver con la filmación de su última novela, Memoria de mis putas tristes, publicada en 2004. Organizaciones no gubernamentales contrarias a la pedofilia han censurado la grabación por considerarla una apología de la prostitución infantil. En la novela, un hombre de 90 años quiere tener relaciones sexuales con una niña virgen de 14, como un último placer de despedida de sus días.


Su lectura "me deja esta sensación de fascinada complacencia con el maltrato a las mujeres, con las niñas prostituidas, el endiosamiento del patriarca. Es una presencia constante en toda la obra de García Márquez", declaró la periodista y activista Lydia Cacho a la revista Milenio Semanal. Cacho ha sufrido persecución, encarcelamiento y amenazas de muerte por denunciar el tráfico de niñas con propósitos sexuales y pornografía infantil. La filmación, a cargo del productor mexicano Ricardo del Río y el cineasta danés Henning Carlsen, está patrocinada por la empresa de bebidas FEMSA y la cadena televisa privada Televisa. El gobierno del sureño estado de Puebla, a cargo de Mario Marín, canceló este mes su respaldo financiero al proyecto. Es el mismo político que estuvo detrás de la persecución penal y encarcelamiento de Cacho en diciembre de 2005, para favorecer a su amigo, el empresario textil Kamel Nacif. En su libro "Los demonios del Edén", Cacho involucró a Nacif en una red de pederastas, cuya cabeza visible es el empresario encarcelado Jean Surcar. Teresa Ulloa, directora de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, presentó una demanda penal contra "quienes resulten responsables por el delito de apología de la prostitución infantil y la corrupción de menores", a causa de la filmación de la película citada. Según Saborit, el novelista colombiano, cuyas memorias están contenidas en el volumen "Vivir para contarla" (2002), no sólo salió ileso a la obtención del Nobel, "sino en la mejor disposición para ahondar su interés en el poder y el amor, los temas centrales de su narrativa según Martin".


"La obra de García Márquez sobrevivirá a las extrañas fidelidades del hombre que la escribió. Pero sería un acto de justicia poética el que, en el otoño de su vida y el cenit de su gloria, se deslindara de Fidel Castro", concluyó su texto Krauze.